martes, 20 de marzo de 2012

Viaje de USA a Rusia 20 septiembre 2011

VIAJE de USA a Rusia
Normalmente no compro vuelos en los que tengamos que cambiar de aeropuerto, pero en este caso no tuve elección y desde Detroit llegamos a Nueva York-La Guardia donde nos recogería un coche para llevarnos al aeropuerto New York-JF Kennedy.
En Londres me siento en casa en cualquiera de los cinco aeropuertos (después de 14 años, los he usado todos), pero en Nueva York no estaba tranquila hasta llegar al lugar de nuestro vuelo translántico.
Cuando llamé al teléfono de contacto del taxi pre-pagado, me dicen que ya nos habían recogido por la mañana en un hotel. Excuse me!!! Mi reserva es La Guardia - JFK de 3.45 a 4.00 y ahora son las 3.30 así que please compruebe sus datos y recojanos lo antes posible. Media hora más tarde nos recogen yen sólo 25 minutos (me habían dicho de una hora a hora y media, seguramente para justificar los 85 dólares que cobran por los dos trayectos, cuando el autobús express cuesta 12 y los niños no pagan) y a pesar de un tráfico horroroso llegamos a nuestro tercer aeropuerto del día. Olvidé mirar la terminal de Aeroflot, aerolíneas rusas, así que nos paseamos un poco por las complicadas carreteras del aeropuerto hasta llegar a la terminal uno. El malhumor de mi error me hizo olvidar la propina del taxi, me di cuenta al despedirme del conductor y observar su cara de no buenos amigos. No creo que me dedicara muy buenos pensamientos, acepté la responsabilidad de ese segundo error y le pedí disculpas mentalmente mientras animaba a mis hijos a darse prisa. Me urgía más llegar a la puerta de embarque ¡Lo siento, no somos perfectos!
El vuelo de Nueva York a Moscú trascurrió sin novedad, como siempre apenas descanso porque siempre hay alguno pidiendo algo: el baño, un lápiz, comida, bebida, la tele que no functiona, la peli que se acaba, el juego que no funciona, que no puedo estirar las piernas....
Desde que llegamos al aeropuerto de Detroit fuimos fijándonos en las coincidencias como buenos augurios para el viaje: Cassia encontró una moneda al facturar (al penny también le llaman lucky), luego en seguridad alguien olvidó un libro de pintar con sólo una página hecha y el guardia nos dijo que nos lo podíamos quedar.
Al subir al avión vimos con alivio que teníamos un asiento libre para dormir mejor. Detrás de nosotros Tristán concluyó que llevabamos otro buen augurío para el viaje: la jerarquía eclesiástica rusa representada por tres monjes ortodoxos totalmente trajeados de gorro, barba, crucifijos y pesadas túnicas negras, que venían además en tres tamaños: un joven, un mediano y un anciano, cuya edad era difícil de precisar. Sus barbas proporcionadas según su edad. El más anciano, barba blanca hasta el pecho, el segundo bien pasado el cuello y el más joven una barba larguita pero normal. La iglesía ortodoxa rusa era uno de los capítulos que no cubrimos en nuestro studio sobre Rusia, así que allí estaban detrás de nosotros para recordarme mi asignatura pendiente y protegernos con sus plegarias nocturnas. Mis hijos los vieron como un buen augurio y Cassia, al ver el gran crucifijo que llevaban muy ostensiblemente en el pecho, comentó que conocían a Jesús, así que sin duda yo podría fácilmente entablar conversación con ellos. Su lógica es aplastante: si conoen a Jesús tienen que ser amigos.
Yo siempre les digo a mis hijos que vigilen lo que dicen porque no sabes nunca qué idioma habla o entiende la gente. A lo largo del vuelo noté que hablaban ruso e inglés perfectamente, así que no pude adivinar su nacionalidad. Me moría de curiosidad por hablar con ellos y aprender sobre su filosofía y estilo de vida, pero por supuesto no era el mejor momento. Como madre me sentía observada y traté de portarme bien porque parece que el mayor me miraba como diciendo ¡Ojo lo que dices, que te estoy mirando!
Cuando llegamos por fin a Moscú, cual fue mi sorpresa cuando el más joven se dirige a mí en perfecto español pues resulta que ¡¡¡es puertoriqueño!!! !la vida es una pura sorpresa!. El más anciano resulta que es inglés como mi marido y mi hijo y su mirada profunda parece leer mis pensamientos diciendo "te he visto mirarme por la rendija de los asientos estudiando mi gorro, mi túnica, mi barba, mi crucifijo, mi Biblia"... me siento como una niña que han sorprendido haciendo algo travieso. Mis hijos hablan en inglés y castellano al mismo tiempo eligiendo el vocabulario o las expressions que les vienen más fáciles a la boca, así que espero que no hayamos dicho algo inapropiado. No creo, pero en fin... El puertoriqueño me pregunta directamente a qué hemos venido a Rusia y le respondo que en un viaje espiritual y educativo para visitar los antiguos dólmenes. No parece sorprenderse sino que se alegra por nosotros, pero no me atrevo a mencionar a Anastasia, no vaya que nos excomulguen. Para él también es la primera vez y se dirigen a un monasterio cerca de San Petersburgo.
Al fin llegamos a Moscú y la emoción de estar en tierra rusa, estaba a punto de convertirse en una nueva emoción no tan a gradable. Una vez rellenadas las targetas de inmigración me dispongo a pasar por seguridad, nos habíamos quedado para los últimos en salir del avión, y cual es mi shock cuando el joven de seguridad me dice que ¡no aceptan el visado de Tristan! Pero chico ¿no ves que las tres visas son iguales y tienen la misma fecha? Con su escaso inglés me señala que la de Tristan está en un pasaporte caducado yo les había entregado el nuevo y el caducado, como he hecho en varias ocasiones con Cassia al ir y venir de USA a España sin ningún problema. Yes, I know, pero tiene el otro en vigor con el visado americano, las fechas no siempre coinciden ¡No Vale! Es su última palabra.
Les digo que quiero hablar con su superior y se mobilizan para llamar al jefe, empiezan a hablar en ruso y mirar a mi hija china como indicando que no se parecía a mí en nada. Yo les leo el pensamiento y me digo, ¿a qué te enseño el libro de familia jovencito? De ahí nos llevaron a una habitación de donde solo salimos escoltados al servicio y donde un procedimiento burocrático que nos dijeron no tardaría mucho, en realidad se convirtio en tres horas y cuarto haciéndonos perder el vuelo de las tres a Krasnodar donde nos recojerían para llevarnos a Pshada, a otras dos horas y media en coche dede esa ciudad.
Llegamos a Moscú a las 12.30 del medio día hora local, y como viajamos con sólo equipage de mano (¡¡qué eficiente soy!!), teníamos tiempo de comer algo y cambiar dinero pues hasta las 3.15 no teníamos el siguiente vuelo. Lo que yo no había planeado, claro está, era salir de seguridad con un nuevo visado para Tristán a las 3.25, así que para entonces ya habíamos perdido el vuelo. Aceptados los hecho, confié en que nos pondrían en el siguiente vuelo (¡¡si había y ojalá no fuera muy tarde!!), pero entonces resulta que los teléfonos que tenía para avisar a nuestro contacto en Krasnodar no funcionaban ninguno (ni siquiera con la ayuda de los jóvenes ruros de seguridad), así que me preocupaba el llegar a un lugar desconocido a las 7.30 de la noche y no encontrar a nadie esperándonos. Por fín cambiamos el vuelvo y la chica de las aerolineas rusas me hizo el favor de cargar el móvil y averiguar por qué no funcionaban los teléfonos que tenía del conductor y de Vita, nuestra intérprete. Por fin nos quedamos tranquilos al informar de nuestro retraso y nos pusimos en la tercera cola de seguridad del tercer y último avión desde que salimos de casa.
Habíamos llegado a Moscú a las 4 de la mañana y llegamos a Krasnodar a las 11 de la mañana en nuestros cuerpos, pero todavía nos quedaban otras dos horas de coche hasta llegar al pueblecido donde nos esperaba el resto del grupo. Ni que decir tiene que los tres dormimos dos horas en ese último vuelvo y estabamos frescos para nuestro último tramo de viaje. Nuestro conductor no hablaba inglés, pero sabía justo las palabras mínimas para una perfecta comunicación. Era muy eficiente y considerado con nosotros. Nos llevó al servicio y pagó algo de comer y beber para los niños pues yo no tenía rublos y en la gasolinera no aceptaron la tarjeta. Con él tuvimos la primera experiencia de gente que se comunica con el corazón y no con palabras. Me sentí perfectamente en casa, de hecho las carreteras me recordaban a algunas autovías españolas y las prisas que él llevaba a las mías cuando conduzco en España.
La casita donde nos hospetados, no es exactamente el hotelito que teníamos en mente y ni en la foto de internet y Tristán al ver a otras personas tratarnos como de la familia, decidió que no tenía humor para hacer amistades a esas horas del viaje, así que no salió de la habitación y a duras penas conseguí que cenara algo de fruta y puré de patatas. Cassia por supuesto ya había localizado a un gato, así que ella feliz y socializó con todos normalmente.
La habitación tiene tres camitas de no más de 70cm de ancho, no son lo que nosotros llamamos camas. Se trata de una plataforma de madera con un edredón encima doblado a modo de colchón y otro edredón para taparse. Vaya que no les sirve a los niños para dar saltos (¡¡juego preferido de mis hijos en los hoteles!!), a menos que quieran romperse los huesos en el intento. Con una cama en cada esquina de la habitación y tan sumamente estrechas, el tema de leer nuestro libro antes de dormir se hacía bastante complicado, así que ni corta ni perezosa decidí mover todos los muebles de la habitación para poner las tres camitas juntas y tener una triple donde leer a gusto con la lámpara remendada con pegamento que yo puse cuidadosamente en el suelo pues no quería yo ser la causa de su muerte definitiva. A Tristán le entro una risa histérica cuando se le ocurrió la idea de que aquellas camas le recordaban a las camas de los siete enanitos, así que ¡¡nos reímos muchísimo antes de dormir!! sin duda el mejor remedio para un descanso perfecto.
Cuando medí las camas (cuatro palmos) y la pared no conté con un trozo de madera que sobresalía sin razón aparente en la esquina derecha, así que sólo pusimos dos camitas y allí dormimos los tres nuestra primera noche en Rusia. Yo estaba tan feliz, llena de energía y agradecimiento por la aventura, que me adaptaba a todo con muchísimo gusto. Cuando Cassia empieza a decir que no puede dormir (¡¡para nuestro cuerpo eran las 2 de la tarde!!) y Tristán empieza a toser, les doy un árnica, lavanda y pretendo que todo está en orden. Ya no había nada más que yo pudiera hacer por mejorar nuestras circumstancias... ¡¡¡Buenas noches!!!
Continuará...

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