Como podréis comprobar si habéis leído todo lo escrito sobre los dólmenes en este blog desde mi viaje a Rusia, estas construcciones milenarias están muy vivas para mí y nos ofrecen una riqueza extraordinaria, de ahí mi interés en compartir mis estudios y experiencias sobre el tema.
Probablemente éste sea el último de los capítulos sobre los dólmenes propiamente dichos porque, sin dejarlos ni un momento, me centraré en otros temas igualmente fascinantes.
Estas estructuras de roca maciza son la residencia de almas muy sabias que llevan esperando a la humanidad durante siglos para ayudarnos a CONOCER CON EL ALMA, total nada... pues bien, lo primero que a una persona de cultura media le llama la atención sobre esta civilización tan avanzada es el conflicto cronológico que nos presenta.
Dados los descubrimentos arqueológicos de los últimos 200 años, resulta banstante improbable que la vida comenzara sólo hace 6000 años con Adán y Eva según la Biblia -digo esto porque todos los días veo a gente que firmemente cree esto-. Ni siquiera es proable que las civilizaciones más antiguas fueran la Sumeria y la Egipcia que, según la mayoría de los libros de historia, datan de 6000AC y 3000AC respectivamente.
Para la ciencia actual, en la etapa Paleozoica (600-300 millones de años) la vida empezó a desarrollarse en los mares más antiguos y al final de la misma se adaptó a tierra firme. La étapa Mesozoica (225 millones – 65 millones) es la famosa época de los dinosauros, extinguidos hace unos 65 millones de años. En la Cenozoica (3-4 millones) aparecerían nuestros primeros antepasados. Entonces surge el homo Eructus (2 millones de años), antepasado del Homo Sapiens sapiens (300-400 años), de quien, según esta teoría, descenderíamos los humanos actuales.
Sin embargo, desde que Charles Darwin publicó El origen de las especies en 1859 y su teoría de que hombre, como el resto de animales, descendía de otros animales, no sólo no se han encontrado las pruebas que él mismo prometió el tiempo aportaría, sino que infinidad de evidencia de lo contrario ha sido sistemáticamente ignorada u olvidada por no adaptarse al paradigma generalmente aceptado por la comunidad científica. Darwin aportó muchísimo a nuestra civilización actual, pero con el advenimiento de la física nuclear, los métodos para averiguar la antigüedad permiten ya analizar objetos aparecidos hace billones de años, como las famosas esferas metálicas (2.8 billones) de Suráfrica. Sin ir más lejos en Orce, provincia de Granada, se han encontrado piezas manipuladas por el hombre de una antigüedad aproximada de 1.4 millones de años. Los paleontólogos han confirmado también la existencia de tipos humanos que habitaban Pakistán y Rusia hace 1.8 – 2.5 millones de años.
Aunque Darwin sigue estando de moda, parece que ya es hora de empezar a tener en cuenta otras posibilidades, también científicas y más optimistas. Desde luego hay muchas pruebas disponibles hoy en día y estudiosos serios arriesgando sus carreras y su reconocimento por mantenerse fieles a la objetividad y la humildad del ser humano. Después de todo si usamos el sentido común, el que no haya restos no es indicativo de que no hubiera nadie en esas épocas tan lejanas. Después de todo somos cuerpos orgánicos y nos desintegramos como el resto de los elementos con vida del planeta. Las ropas y utensilios también era de origen natural, así que probablemente pasaron a formar parte de la tierra que pisamos.
Como sabemos que todo es cíclico, ya es hora de dejar entrar ideas frescas... ¿no os parece? Y hablando de ciclos, el elemento femenino en la evolución humana también se ve afectado por los ciclos cósmicos. Según Demetra George el Paleolítico superior coincidió con el principio de un ciclo lunar de 40.000 años que ella divide en 8 subciclos. Los trabajos arquelógicos de Marija Gimbutas demuestran una civilisación que representa a la mujer como dadora de vida, de fertilidad, de nacimiento. Lo femenino era honrado no sólo por dar vida a través de la vulva, sino por su capacidad de alimentar y nutrir con la leche de sus pechos. Las mujeres sangraban cada mes lunar sin heridas y su sangre las regeneraba a ellas y a otros. La Madre Tierra era honrada por su capacidad de alimentar a los niños-adultos del grupo. La mujer era pues como la Tierra: dadora de vida
Como era de esperar, a lo largo de esos 40.000 años la mujer, a la vez que la luna pasaba por sus distantas etapas, fue perdiendo el respeto del elemento masculino y el patriarcado terminó por instalarse de forma generalizada en muchas culturas durante los últimos 5000 años.
Aunque tanto hombres como mujeres entraron en los dólmenes, hace unos 10000 años, el valor de la mujer empezaba a deteriorarse por eso a una antepasada de Anastasia le costó bastante convencer al líder de su grupo para que la dejara entrar en meditación eterna. Ningún hombre quiso ayudar en la construcción de su dólmen, pero las mujeres consiguieron hacerlo ellas solas con el ánimo del anciano líder que apreciaba y respetaba los conocimientos que ella quería transmitir a las mujeres del futuro. Esta mujer veda no era demasiado mayor, pero sabía que el siguiente líder no le permitiría entrar en el dólmen, así que tuvo que convencer a quien la conocía bien y entendía el valor de sus enseñanzas para la posteridad.
Para mí la visita a este dólmen -encima de una montaña a la que accedimos en jeep- era una prioridad, pues habiendo dado el pecho a mi hijo Tristan durante 6 años y hasta a mi hija adoptada Cassia, quería honrar a esa antepasada nuestra que eligió quedarse en el dólmen para servicio de todas las madres futuras.
Durante la meditación el espíritu se separa temporalmente del cuerpo físico para volver al mismo cuando concluímos la meditación. Pues bien, las personas que entraron en los dólmenes, gracias a su alto nivel de evolución y mientras sus cuerpos físicos todavía vivían, tuvieron la oportunidad de viajar libremente con su espíritu de una a otra dimensión lo cual les dio la posibilidad de analizar a gran velocidad (según nuestros cálculos) la Verdad que estaba disponible y clarificar la Verdad en sí misma. El aprendizaje que tuvieron fue extraordinario, pero no eligieron esa meditación eterna por dicho aprendizaje, sino como servicio a las generaciones futuras, la nuestra. Querían preservar el modo de saber representado por la palabra VEDAT: entender algo literalmente con toda tu alma. Sabían cómo vivir para que el amor, respeto, confianza y felicidad residiera siempre en sus corazones y familia.
Durante milenios, esta antepasada de Anastasia ha estado esperando que mujeres, no hombres, vinieran a visitarla. Pero hasta que Vladimir Megré encontró su dólmen en 1996, sólo Anastasia la visitaba una vez al año. Según sus enseñanzas, la leche que damos a nuestros hijos lleva cierta información, su propia radiación y vibración, transmite la sensibilidad y sentimientos de la madre. El acto de dar el pecho es un acto sagrado y cumple su función en la evolución humana. La transmisión de la leche de madre a hijo es más que un paso de nutrientes que deberíamos entender en toda su profundidad.
Madres y Padres, os animo a apoyar la lactancia materna,
¡¡por el bien de todos!!
Dolores Rubio-Turtle
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